celebrámolo?
celebrámolo?
celebrámolo?
Bo nadal

Cuento de Navidad

Érase una vez una ciudad varada en una tranquila costa en la que los vecinos disfrutaban de un estupendo pescado, aunque hiciese tiempo que con la llegada de la industria había dejado de ser una ciudad pescadora. Uno de los primeros en escoger las mejores piezas de la plaza era un chef que habitaba en lo alto de una cúpula, en el centro de la ciudad. Un día de Navidad, Alberto, que así se llamaba el chef, se levantó como cada día con las primeras luces y se dio una vuelta por el mercado, que tan bien conocía, escogió unos espléndidos rodaballos pensando: estos los voy a preparar con salicornia, esa alguita carnosa que hace una meunière estupenda…, y a continuación escogió el más bonito de los bueyes marinos, para darle esa esencia especial que redondea el plato, continuó por las verduras y por la carne, hasta que tuvo todo seleccionado.

Cuando llegó la hora de la comida, él y su equipo lo tenían todo preparado para el pase. Ese día estaban todas las mesas reservadas y, entre todas, destacaba una en el centro del restaurante, grande y redonda, para once personas, con su centro de mesa, sus manteles y servilletas ya colocados. El ajetreo se empezaba a notar con los primeros comensales, empezó el baile acompasado entre cocineros y camareros…; todo iba bien, menos la mesa central, que seguía vacía. Alberto empezó a preocuparse y a pensar en los hermosos rodaballos y en las fresquísimas verduras que quedaban sin emplatar. 

Cuando se fue el último comensal, el cocinero y su equipo acabaron de recoger las mesas; estaban tristes, las ganancias del día se habían esfumado porque la compra se había hecho en relación a las reservas; “esto nos está haciendo más difícil mantener el restaurante en pie”, pensó el cocinero. Y en eso andaba a darle vueltas, cuando vio que el bolígrafo que reposaba encima del libro de reservas empezaba a escribir solo. Se levantó y fue a ver lo que estaba escribiendo… 

“Estimado Alberto, siento muchísimo no haber podido llegar a tiempo para saborear tus manjares como se merecen, con calma y con vuestro amable servicio…, pero el día ha sido más complicado de lo previsto y he tenido que utilizar mi magia para comerlos. Alberto, sorprendido, levantó la mirada hacia la cocina y efectivamente no había ni rastro de comida. Reitero mis disculpas –continuó leyendo– y todo nuestro agradecimiento por lo rico que estaba todo; lo que más nos ha gustado ha sido ese rodaballo con esa cremita fina… ¡delicioso! Por supuesto, la minuta ya está ingresada en la cuenta. ¡¡Feliz Navidad!!”

¡Celebrémoslo! 

 

Por cierto, este año además de los menús Berbés, Raíces y Tempo, contamos con otros diferentes en el servicio de catering en silabariogastronomia.com 

Mirad cuál os interesa más…

Y como no todos podemos hacer magia, si reserváis y luego cambiáis de idea, o no podéis venir, por favor, cancelad la reserva como mínimo dos horas antes. El equipo de Silabario os lo agradecerá infinitamente